REZOS DE AMOR Y BLASFEMIA 1/4

Salutación y gratitud:

Hola. Cada día veo que crece el número de seguidores y lectores; y solamente puedo agradecer a cada uno de ustedes que se toma tiempo para leer este blog. Gracias por sus visitas y “me gusta”. Seguiré con gusto compartiendo mis escritos y también leyéndoles.

Prefacio

Los siguientes días publicaré cuatro poemas que versan sobre el mismo tema: La relación entre padres e hijos y su paralelo entre Dios y el individuo. He titulado a esta serie “Rezos de amor y blasfemia” y comienza con el poema llamado “Madre nuestra en estrés”.

Contexto de “Madre nuestra en estrés

A los 27 años aproximados dejé el pastorado y me declaré agnóstico; en un ejercicio espiritual e intelectual escribí algunos poemas; creo que “Madre nuestra en estrés” resume bien la mezcla de emociones, ideas y búsqueda que estaba cruzando en esa etapa de mi vida. Fue un momento muy duro para mí. El poema fue publicado en el libro “Padre de todos” de editorial CANAH, México.

***

MADRE NUESTRA EN ESTRÉS
Lucanus Berea, México, 2014, derechos reservados

Madre nuestra que estás en mis recuerdos y pesadillas, madre nuestra que devoras mis sueños, metas y carácter, madre nuestra inflexible, irritable, lejana; Madre nuestra que me empequeñeces, madre nuestra insensible. 

Que tu nombre no sea santificado, que sea borrado, que desaparezca de la tierra de los vivientes y en su lugar brote uno nuevo sobre tu frente.

Madre nuestra dominante, que se acabe de una vez por todas tu reino en mi vida, que muera violentamente y se extinga en un momento, tú que me callas, tú que me bofeteas… ¡tu reino sea más duramente bofeteado por el mío!… ¡que se deje de hacer tu voluntad aquí y ahora!… no me importa si tu ira me llama tonto o inútil… ¡tu voluntad pierda poder y validez en mi alma!

Madre nuestra neurótica, mi pan de cada día lo ganaré como quiera, no como tú crees que debo ganarlo y si me muero de hambre haciendo lo que amo, moriré feliz. Madre nuestra, dame el pan de un mejor amor, no me des las migajas que hay en tu alma… ¡las aborrezco!… su recuerdo me sabe amargo cada día… ¡Trabaja y consigue un mejor pan!

Madre mía, perdóname el no olvidar las deudas que tienes conmigo desde mi niñez, pero no puedo hasta hoy; perdóname, como yo quiero perdonar tu miedo e inseguridad; como yo quiero perdonar el presentarme a la mediocridad, como yo quiero perdonarte el no haberme enseñado a amar, ni a luchar; como intento olvidar tu error al tratarme como al hijo en debilidad.

Madre nuestra hostil, déjame en mis tentaciones, errores y pecados, y si caigo en alguno ámame, abrázame, sonríeme, dime que no pasa nada, que se puede resolver, y que si no lo resuelvo aún me amarás.

Madre nuestra insegura, no me libres del mal, no quieras protegerme como hacías cuando niño, me hiciste daño, me hubieras enseñado a enfrentar mis miedos, me hubieras enseñado a enfrentar  a quien no me respete… ¡Al diablo la timidez en la que me dejaste!

Porque tuyo fue el reino, el poder y la gloria, madre nuestra, que se mueran los tres, que mis manos se manchen con su sangre y por fin sea yo redimido. Amén.

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